martes, 17 de enero de 2017

Destrucción

Tus pasos todavía resuenan en casa.
Aún oigo el eco de tus pisadas,
a lo largo del pasillo oscuro,
tres metros de parquet,
que se me hacen eternos
cuando los atravieso en llamas,
frío por esa lluvia torrencial de lágrimas.
Esa tormenta que desencadenaste con tu partida,
destruyéndome.

Me desnudaste,
me olvidaste solo en una habitación llena de juguetes polvorientos,
y volver a verte fué el golpe de gracia
desencadenante de una reacción en cadena:
pusistes en marcha este dominó,
ahora caído.

Pero por encima del dolor debo decirte que he sobrevivido,
que cuando todo haya ardido
y solo queden cenizas,
quedaré yo.
Recordándote.

Recuerda:
muchas veces,
el dolor no es físico,
y el mejor calmante
es un
abrazo.