Acabo de publicar una aplicación para ubuntu, os la dejo aquí para que podáis descargarla y probarla.
Agradecería que alguna persona con ubuntu la descargase para convertirse en tester y que diera ideas para seguir desarrollándola. A ver si subo algo de poesía y los tutoriales de cómo hice esta app:)
Por supuesto, si no tienes ubuntu, (y aunque lo tengas) puedes compartir, que tal vez alguno de tus amigos tiene un amigo que tiene un amigo... que tiene ubuntu y me puede ayudar:P
domingo, 19 de junio de 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
Paula
El humo de los coches me tapa la visión del cielo de Madrid. Es un día bonito, lo se sin necesidad de verlo, pero tengo demasiada prisa para pararme a disfrutar esta belleza que me rodea. Voy a ver a Paula. Tengo prisa. Mientras, pienso quién es: una chica perfecta, delgada, pero no demasiado, pelo largo y rizado, de un pelirrojo vivo, que te altera al mirarla, como una piedra al ensuciar el agua de un estanque con sus ondas, una sonrisa alegre, provocativa, que puede destruir ciudades, unas manos suaves, como una princesa de cuento, pero sobre todo me fascinan sus ojos verdes, una misteriosa mirada que da miedo, pero a la vez te pide un beso.
La vi por primera vez hace tan solo dos semanas, me sirvió un café en un bar cerca de La Cibeles. Estaba solo, relajandome. A través de la ventana se veía gente pasar, niños jugando, ancianos disfrutando de su merecida jubilación, y muchas chicas guapas. Esto lo recuerdo, porque me di cuenta de que ninguna podría igualar jamás a esa pelirroja. Acabé el café y me fui.
Era como una niña que aún no comprende el poder que posee, miraba el mundo a través de sus Ray-Ban rosas, derritiendolo con su mirada. Cuando paseábamos por la Gran Vía, se colgaba de mi hombro y corría arrastrándome de escaparate en escaparate, a través de la multitud, enamorandome y divirtiéndose.
La segunda vez fué en el Starbuck, esta vez, los dos eramos clientes. Cuando llegó, estaba todo lleno, y cuando pasó a mi lado le hice una señal con la mano, indicándole que se podía sentar. No dijo nada, pero me dedicó una sonrisa de agradecimiento, que me iluminó ese día de lluvia.
Solo hablábamos de tonterías, del tiempo, los amigos, a veces de nosotros, nos queríamos mucho. Me acariciaba el pelo, y me dejaba abrazarla mientras se sentaba en mi regazo para ver la tele. Se acercaba a mí todo lo que podía cuando veíamos una película de miedo o amor.
La tercera vez que nos vimos, en el retiro, nos besamos. Sabía a relax. ¿A qué sabe el relax?
Casi he llegado. Cruzo la calle Serrano corriendo. Algunos coches me pitan, pero los ignoro. Subo los escalones del edificio, cruzo la puerta de la clínica privada. Llego a una habitación blanca. Ella está pálida en una cama con sábanas de lino. Pasan treinta segundos. Empieza a sonar un pitido agudo y constante. Paula. Los médicos entran corriendo y me sacan a empujones de la habitación mientras tapan a Paula.
Tres tiros en el pecho.
Su ex.
¿A qué sabe la muerte?
Mi niño
Llegamos a casa. Mamá se ha quitado los zapatos y se va al baño para lavarse las manos. Siempre dice que si no nos lavamos las manos, podemos ponernos malitos, y nos dolería mucho la barriga. Miguel me golpea en la espalda y sale corriendo hacia la habitación que compartimos mientras grita:—¡El último pone la mesa!—. Me acerco al salón, a ver si papá ha llegado, pero no. Hace tres días, mamá nos dijo que se había curado,y le habían dejado salir del hospital, pero que había salido de viaje para recuperarse durante un tiempo. Mamá nos dijo a Miguel y a mi, que volvería pronto. Yo le odio, no se lo he dicho a mamá, pero le odio por no despedirse antes de salir de viaje. Últimamente mamá anda vestida de negro, porque dice que así tiene menos frío, y le lloran los ojos. Dice que es la alergia. Yo creo que en realidad también está triste porque papá no se despidiera de nosotros. Después de mirar en el salón, corro a la habitación. Ya es tarde, Miguel ha llegado antes, así que me toca poner la mesa. Decido no lavarme las manos. Así me pondré malito y mañana no iré al exámen. Pongo los cubiertos y me voy a jugar con los LEGO mientras mamá prepara la comida.
Mamá no come, dice que no tiene hambre, que ya comerá luego. A nosotros nos sirve unas patatas cocidas, y una salchicha. Ayer vi que estaba caducada y se lo dije, pero me contestó que solo era el consumo preferente, y que se podía comer. Que sólo lo ponen para que la gente tire la comida, y compren más. No hay postre. Mamá dice que es porque tienen demasiados aditivos que no son sanos.
Mamá nos habla de clase, dice algo así como que en tercero de primaria ya somos lo suficientemente “mayorcitos” como para que la profesora tenga que mandar cartas a casa diciendo que no trabajamos lo suficiente. Mientras mamá nos echa la bronca, pienso en la chica del recreo. En el recreo vi a una chica rubia, que lloraba en la esquina alejada de la puerta principal del patio. Le pregunté que le pasaba. Levantó la cabeza y me contestó que nada, que tan solo se aburría, y no le gustaba el recreo. Señalé unas marcas que tenía en el brazo y me dijo que eran cortes. —Me los hago con un cuchillo, cuando estoy aburrida, y me siento mejor, pero tú no lo hagas nunca.— Asentí con la cabeza a modo de afirmación.
Ahora estoy solo en la habitación. Miguel ha salido a jugar a fútbol.
No quiero hacer los deberes.
Voy a la cocina, me pongo de puntillas para alcanzar un cuchillo que hay colgado en la cinta magnética de la pared. Es del IKEA. Lo apoyo en mi brazo izquierdo y lo miro fijamente unos instantes. No puedo, le prometí a esa chica que no me cortaría.
Mamá ha dejado abierta la ventana de su habitación para que ventile. Me asomo. Tengo que enseñarle a papá a no irse sin despedirse primero. No tendrá que volver a estudiar. No prometí nada a nadie respecto a saltar por una ventana. Sé que mamá no como porque no tenemos dinero. Seguro que papá se lo llevó. Soy un problema, porque cuidarme cuesta dinero. Voy a castigar a papá.
Se oyen unas sirenas alejarse. Veo mi cuerpo tirado en la acera. El mundo desde arriba es bonito. Me alejo flotando rápidamente.
Niño de ocho años cae por una ventana.¿Accidente?
Titular visible en todos los medios.
Hola papá.
sábado, 14 de mayo de 2016
Recuerdos
Aún recuerdo,
lo ligera y calmada que parecías
como una agradable brisa de verano,
pero pasaste por mi vida como un tornado:
arrasando,
destruyéndolo todo,
arrancándome de mis cimientos;
pero te amé,
y se que será imposible
borrar la tinta de tus fotos
que han quedado grabadas para siempre en mi memoria.
Simplemente recuerda,
todo tiene final:
la vida,
una película,
un amor...
y cuando ha sido algo emotivo duele,
porque lo peor de una catástrofe,
como ha sido tu paso por mi vida,
es sobrevivir,
recordar,
sentirse culpable,
revivir el dolor,
y saber que no pudiste evitarlo,
que no pude evitarte,
no perecer.
Luego,
todo parece olvidarse:
los relojes siguen girando
ajenos al dolor,
clavándote sus manecillas
por todo tu cuerpo,
volviéndote masoca,
y extrayendo placer
de los recuerdos que quieres olvidar.
Ya no puedo pasear
por las calles desiertas de mi ciudad de fantasmas,
cada paso,
se me clava en el alma,
recordándome que no soy nada,
y que camino entre fantasmas que nunca han existido.
De vez en cuando creo verte,
a lo lejos,
pero cuando me acerco,
desapareces
como
si
nunca
hubieses
existido
en mi memoria.
lo ligera y calmada que parecías
como una agradable brisa de verano,
pero pasaste por mi vida como un tornado:
arrasando,
destruyéndolo todo,
arrancándome de mis cimientos;
pero te amé,
y se que será imposible
borrar la tinta de tus fotos
que han quedado grabadas para siempre en mi memoria.
Simplemente recuerda,
todo tiene final:
la vida,
una película,
un amor...
y cuando ha sido algo emotivo duele,
porque lo peor de una catástrofe,
como ha sido tu paso por mi vida,
es sobrevivir,
recordar,
sentirse culpable,
revivir el dolor,
y saber que no pudiste evitarlo,
que no pude evitarte,
no perecer.
Luego,
todo parece olvidarse:
los relojes siguen girando
ajenos al dolor,
clavándote sus manecillas
por todo tu cuerpo,
volviéndote masoca,
y extrayendo placer
de los recuerdos que quieres olvidar.
Ya no puedo pasear
por las calles desiertas de mi ciudad de fantasmas,
cada paso,
se me clava en el alma,
recordándome que no soy nada,
y que camino entre fantasmas que nunca han existido.
De vez en cuando creo verte,
a lo lejos,
pero cuando me acerco,
desapareces
como
si
nunca
hubieses
existido
en mi memoria.
lunes, 2 de mayo de 2016
Historia de un imán IX
Como todas las mañanas,
Ro se acababa de marchar a llevar al niño a clase. Llevaba dos horas
despierto, porque había pasado la noche revuelto. Dolores de cabeza, de
estómago, vómitos... Ese tipo de cosas que le pasan de vez en cuando a
los humanos.
Después, Ro le había
torturado obligándole a tomarse la leche ardiendo, y arrancándole la
mitad de los pelos con el peine en un intento fallido de desenredarle
sus rizos.
Al cabo de un rato, seguía sin volver. Otras veces tardaba menos.
De pronto, la puerta se
abrió de golpe. Ro entró de espaldas, tropezando con sus propios pies.
Detrás- o delante, depende cómo lo mires- entraba un chico.
Era alto. Moreno. Con el pelo corto y de punta. Lleno de tatuajes. Músculos grandes. Parecía un matón de los barrios bajos.
Al parecer a Ro le gustaba. Le decía cosas bonitas. Tan dulces que un diabético no las podría oír.
Se movían pegados. Besándose. Tropezando con las paredes. Tropezando consigo mismos.
Ro pasó a mi lado y sin
querer me enganché en un botón de su pantalón. Se metieron en el baño y
siguieron besándose dentro de la ducha.
El hombre empezó a
desvestir a Ro. Primero la camiseta. No llevaba sujetador. Empezó a
acariciar su cuerpo con visible -y audible- placer. Sus manos
descendieron por la cintura. La cadera. Empezó a meter la mano por
debajo del pantalón lentamente. Se apartó bruscamente. Se quitó la
camiseta rápidamente y volvió a lo que estaba haciendo. Ro empezó a
gemir. Acercó sus manos al chico y empezó a acariciarle su musculoso
cuerpo. El chico le empezó a desabrochar el pantalón. Se lo empezó a
bajar. Cuando su cabeza estuvo a la altura de la cadera, subió sus manos
en busca de la braguita rosa de Ro y empezó a bajarla.
Terminó de quitarle el
pantalón y lo tiró a un lado. Yo seguía pegado al pantalón. El pantalón
me tapaba la visión, así que no podía saber lo que hacían, excepto por
los gemidos que emitían los dos, y sus promesas de amor eterno. Sonó el
teléfono. Al cabo de una eternidad, sonó el teléfono y pararon.
El chico se vistió
rápidamente. Ro salió del baño y fue al salón, donde estaba el teléfono.
Contestó. Gritó que no era nada, pero el chico se despidió con un breve
beso en la boca y se largó. Ro se terminó de vestir y se fue a su
rincón de lectura. Al sentarse se dio cuenta de que estaba en su
pantalón, y me devolvió a la habitación del niño. El resto del día
transcurrió con normalidad.
---------------
Jaja, os prometí salseoooo
Bueno, no se hacerlo mejor.(Vale, sí se, pero no quiero)
Mañana intentaré que sea mas normal :|
Gracias por leer ;)
domingo, 1 de mayo de 2016
Historia de un imán VIII
Al llegar septiembre, la
madre de mi niño, empezó a ausentarse de vez en cuando. Al cabo de tres
días, me di cuenta de que seguía un patrón. Faltaba tres horas por la
mañana, y dos por la tarde. Eso durante cinco días. Después descansaba
dos días.
De vez en cuando venía
Ro. Solo de vez en cuando. Y se comportaba cariñosamente. No gritaba. No
pegaba a mi niño. No golpeaba las paredes. Solo venía. Hacía la comida.
Jugaba un rato con nosotros. Era una buena persona.
A mediados de
Septiembre, cambió. Mi niño también se iba de casa por la mañana.
Alrededor de siete horas. A veces más tiempo. Me contaba que es porque
se quedaba a comer en la escuela, porque su madre no podía ir a buscarle
a la hora de salir. Si, hablaba con todos sus juguetes.
Entonces fue cuando Ro
empezó a venir con más frecuencia. Cuando Ro venía, mi niño no se
quedaba a comer en la escuela. A veces, Ro venía a casa cuando mamá
también estaba, y mamá le daba unos papelitos de colores. Dependiendo de
cuántos días hubiera venido, había más o menos papeles.
Rosa, cada vez se
portaba peor. Venía a media mañana, y se sentaba a leer, mientras yo, en
la esquina de la mesa del salón, donde me había dejado mi niño justo
antes de marchar, le observaba pasar las hojas lentamente. A cierta hora
de la mañana, sonaba una alarma de su teléfono móvil, y se iba
refunfuñando. Al poco, regresaba con mi niño y una bolsa de la compra
llena de comida de lata. Cuando tenía tiempo, cocinaba de maravilla.
Pero un humano -un imán tampoco- no puede cocinar y leer al mismo
tiempo.
Mientras comían, Ro le
preguntaba al niño cosas de la escuela. A veces le gritaba. También le
gritaba cuando no quería comer. Eso pasaba a menudo. Se gritaban cosas
feas. Muy feas. Insultos. Amenazas. No me gustaba oírles, pero no podía
evitarlo. Al final, el niño siempre acababa llorando. A veces con un
azote.
También solía pasar, que después de comer el niño se sentase en su mesta a dibujar.
Dibujaba unas figuras
simples. Generalmente en hojas cuadriculadas, y las repetía una y otra
vez. A veces, juntaba dos dibujos y decía: -ma, me, mi, mo, mu...-
También me intentaba
explicar el significado de sus extraños dibujos. Decía que eran letras.
Que eran sonidos que servían para hablar, y para leer, como lo hacía
Rosa.
Al final desistió. Yo no
era un buen alumno. No contestaba las preguntas que me hacía. Tampoco
es que él tuviera mucha paciencia.
Ro no cambió. Es más, su comportamiento empeoró. Llegó a ocupar la casa como si fuera suya.
--------------------------
¡Vamosss! En el próximo capítulo va a haber salseoo.
¿Os está gustando?:P
Eso espero.... :X
¡Ah!, y lo siento, por que el capítulo ha sido mas corto... :(
sábado, 30 de abril de 2016
Historia de un imán VII
Nunca llegué a saber el nombre del niño. Así que perdóname si repito demasiado "el niño". Casi muero varias veces en esa habitación.
Era una habitación de
unos trece metros cuadrados. Tenía una cama pequeñita, de metro y medio.
Las sabanas eran rojas, a juego con la alfombra a cuadros de colores
cálidos. Tenía una pequeña mesa de plástico, llena de lápices. También
había lápices en el suelo. También había juguetes en la mesa. En la
esquina había un baúl. Era donde en teoría tenía que recoger sus
juguetes. Las paredes eran de un verde pistacho muy bonito. El suelo de
madera. Estaba bien pulido, así que mi niño no corría el riesgo de
clavarse ninguna astilla en el pié.
La calefacción la
conformaban unos tubos que pasaban por debajo del suelo. Se llama suelo
radiante. Así se evitaban accidentes de cabezas contra radiadores
Tenía un armario de
madera pintada de color azul. Pasé muchas horas pegado al pomo de la
puerta, que era de hierro con aspecto envejecido. Las esquinas del
mueble estaban protegidas con unas gomas, para evitar percances con la
hiperactividad del niño.
La puerta de la
habitación estaba llena de pegatinas de coches. Había muchas de un coche
rojo con una enorme sonrisa y ojos en vez de parabrisas.
Todas las noches, su
madre, una chica morena, con los ojos azules y la piel muy clara, le
cantaba una nana para que se durmiera. Era algo así:
A dormir va la rosa
de los rosales;
a dormir va mi niño
porque ya es tarde.
Mi niño se va a dormir
con los ojitos cerrados,
como duermen los jilgueros
encima de los tejados.
Este niño tiene sueño,
muy pronto se va a dormir;
tiene un ojito cerrado
y otro no lo puede abrir.
de los rosales;
a dormir va mi niño
porque ya es tarde.
Mi niño se va a dormir
con los ojitos cerrados,
como duermen los jilgueros
encima de los tejados.
Este niño tiene sueño,
muy pronto se va a dormir;
tiene un ojito cerrado
y otro no lo puede abrir.
El niño en cuestión
,nunca tenía sueño, pero se hacía el dormido para que su madre se fuera
de la habitación dejando únicamente una lamparita quitamiedos, que
utilizaba para alumbrarse mientras pasaba horas y horas leyendo por la
noche. Debió leerse cinco libros en un mes.
Por la noche era
tranquilo y silencioso. No le convenía hacer ruido, porque vendría su
madre y le quitaría el libro que estuviera leyendo.
Por el día era todo lo
contrario. Extrañamente, nunca tenía sueño. Se pasaba las horas de luz
corriendo como una moto por la casa con el perro, tras el perro, y hasta
huyendo del perro.
A menudo, me veía
implicado en sus travesuras. Me había convertido en su imán favorito.
Bueno, en su juguete favorito después del perro. Entre el suelo, y el
armario, pasé gran parte de mi estancia en ese cuarto. También estuve en
el collar del perro, mientras este corría por toda la casa sin
explicarse qué tenía adherido al cuello. También pasé unas horas en el
bolsillo de la madre, como castigo para el niño por alguna travesura. En
realidad me castigaba más a mi que a él. A el le quedaban el resto de
juguetes de la habitación. Y su imaginación, que no le faltaba. Pero yo
no aguanto los espacios cerrados, y me ponía muy nervioso.
Todo fue bien, hasta que
se acabó el verano. La madre se tenía que ir a trabajar, por lo que Ro
pasaba mucho tiempo con nosotros. Aunque parecía agradable, era muy
dura. Decía que lo hacía por el bien de mi niño, pero yo, no compartía
su opinión.
Por las noches ya no
había nanas. Tampoco libros. A la hora de comer, ya no podía estar en la
mesa haciéndole compañía. Tenía que quedarme en la nevera o en la
habitación. Vamos, que fue de mal en peor. Luego empezaron las clases.
Esto se estaba convirtiendo en un suplicio, de telenovelas que veía Ro
mientras el niño no estaba en casa. Preparaba buena comida, pero no era
suficiente. A demás era muy bruta. Pegaba al niño por las cosas que
hacía mal. Sinceramente prefería su cara bonachona, cuando me sacó de la
tienda. Y respecto a los castigos, me dolía mas ver al niño llorar que
pasar unas horas encerrado en el bolsillo de algún delantal.
----------------------------
¡Vamos chicos!
¿Os está gustando?
Espero que si. ¿Qué tal os cae Rosa?
Estoy feliz, porque en este capítulo he pasado de seiscientas treinta palabras:)
Todavía tengo que esforzarme más.
viernes, 29 de abril de 2016
Historia de un imán VI
Me gustaba mi nuevo
hogar. Llevo aquí tan solo unas horas, me fijo en todos los detalles. Es
bastante luminosa. Más que la tienda. Está en un tercer piso. La cocina
es la única habitación que veo, pero me sirve para hacerme una idea de
como es el resto de la casa.
Me colocó en la puerta de la nevera, junto al resto de los imanes, sin sacarnos de la caja.
Supuse que no tendría tiempo, porque desapareció por una puerta en la que no me había fijado.
No era eso.
No era eso.
Al cabo de unos instantes, reapareció.
Llevaba tijeras en una
mano, y papel de regalo en la otra. De ese que tiene dibujitos
infantiles. Estaba lleno de caritas amarillas sonrientes, sobre un fondo
azul. Esos emoticonos, como los del móvil.
Nos despegó de la nevera. Nos posó sobre la mesa. Empezó a desenrollar el papel. Empecé a temblar.
-Tranquilo.-
Una voz susurraba a mi lado.
Era libro.
-Creo que solo vamos a estar encerrados unas horas. A lo mucho unos días.-
Tal vez, pero no me agradaba la perspectiva de volver a dejar de ver la luz.
-Probablemente seamos el regalo para algún niño pequeño.-
No creo que su hijo, porque desde la entrada hasta la cocina no había ningún juguete.
Acierto. Después de lo que supongo que es un largo viaje en coche, llegamos a nuestro segundo destino fuera de la tienda.
Se oyen gritos de dos
niños. Aparentemente un niño y una niña, porque una voz es bastante mas
aguda que la otra. Y mas estridente. Supongo que si este es nuestro
destino final, tendré que acostumbrarme.
La caja se menea como si hubiera sido golpeada. Inmediatamente después, se oye un pequeño ladrido.
-¡Ohhhhh!-
Se oye un grito de adoración por parte de Ro, que debe estar encantada con el pequeño animalillo.
Yo no estoy encantado.
No puedo ver nada, y eso me pone de mal humor.
Si voy a vivir aquí, por lo menos querría saber cómo va a ser mi nuevo hogar.
Repentinamente nos
empezamos a mover. Parece que nos levantamos unos pocos metros. Entra un
rayo de luz que me ciega. Tampoco ha sido tanto tiempo en ese embalaje
de colores. La cara de un niño sonriente me recibe con alegría.
Me he asustado un poco al principio, pero parece que me llegará a caer bien.
Agarra la caja y se
aleja corriendo sin darle las gracias a Ro, pero supongo que le perdona
porque es un niño, y además hoy debe ser su cumpleaños. Nos lleva
corriendo hasta su habitación tan rápido que no veo nada de la casa.
En la habitación nos
espera el mayor desorden que haya podido imaginar hasta ahora. Pronto
pasamos a formar parte de ese desorden. Nos saca gritando de la caja.
Coge al otro león. A los demás nos lanza hacia el montón de caos.
En el fondo es divertido.
Voy confirmando poco a poco mis sospechas. Me va a encantar vivir ahí.
------------------------------------------
¡Hey chicos!
Siento no haber subido ayer, pero andaba ocupado:(
He procurado que el
capitulo de hoy sea un poco mas largo que los anteriores, y ahora que no
ando de exámenes intentaré que se extiendan un poco:)
¿Os está gustando?
¿El perro les dará problemas? (inserte emoticono de demonio)
¡Ah! Y me he cansado de "Mi vida antes de el desastroso desastre.", así que me he tomado la libertad (Que ya tenía) de cambiarle el título, aunque aún no llegue el desastre.
jueves, 28 de abril de 2016
Sabor de muerte
Se acerca, le besa los labios.
Ella le acaricia la espalda,
su mano desciende,
la de él tambien,
se palpan lentamente,
se tocan donde una mano jamas debería tocar.
Le acaricia el pelo,
lentamente se quitan la ropa,
el uno al otro,
el otro al uno.
Ella piensa en amarle,
pero no puede, su deber no es ese,
es asesinarle.
Le susurra mil palabras al oido,
locuras de amor,
mientras se masturban apasionadamente,
parece que se aman,
él se corre,
ella le lame el pecho mientras palpa su nuca.
Cae de espaldas y su mano húmeda resbala,
le mira por última vez, acerca la mano a la ropa,
saca un cuchillo, se incorpora levemente,
y se lo clava lentamente en el pecho.
Él la había matato antes,
él la había acuchillado,
le había arrancado su vida,
le había quitado todo,
todo,
todo aquello que le quedaba.
Ella hunde el cuchillo en sus carnes,
tira de el hacia abajo,
le desgarra con odio,
algo que no le cuesta trabajo.
Como un zombi que vuelve a la vida,
para vengarse de quien le mató,
descuartiza un cuerpo inerte,
le aplasta los testiculos al cadaver,
quiere venganza.
Sanguinaria como sola,
sola la muerte en soledad,
sobre el cadaver llora,
pero nunca de piedad,
solo de sus propias penas,
que luego habrá de vengar.
Todavía está desnuda,
buen momento para morir,
su mirada hacia la luna,
desgarrada de dolor,
hunde el cuchillo entre los pechos libres,
ahora, que no los contiene el sujetador.
El cuchillo está caliente,
con la sangre de venganza,
se hunde muerde paciente,
la carne de la apenada,
arrepentida muchacha.
Historia de un imán V
Al salir a la calle, nos
dio en la cara el aire frío. Me gustó. Me pareció una experiencia
interesante. Excitante. Refrescante. Nuevo. La chica se detuvo unos
segundos a la puerta, aspirando, como nosotros el aire de la calle. Pasó
un coche levantando una ola de agua, que casi le moja los pies a la
chica. Había llovido. Me puse nervioso. Si me caía me iva a desacer,
porque soy de papel. Me asusté un poco, pero nos metió en la bolsa. Me
decepcioné un poco. Quería ver la calle. De todas formas, no tenía cómo
hacerle saber eso. Me estoy repitiendo mucho con lo de "La chica",
Así que, aunque sea adelantar algo, te diré que más adelante, descubrí
que se llamaba Rosa. A partir de ahora la llamaré así, o "Ro". Al cabo
de un rato, la bolsa entró en un lugar cálido. Se parecía al camión al
que llegé a la tienda. Me resbalé de la bolsa cuando nos posó en el
maletero. No se dio cuenta. El maletero era mucho más pequeño, sin
llegar a resultar claustrofóbico. Todo empezó a temblar. Me recordó a la
última vez que había montado en camión, solo que estra vez era más
pequeño y no había más cajas de imanes.
El viaje duró aproximadamente media hora. Mientras tanto sonaba una canción. Ro también cantaba. Era algo así como:
Si mi corazón aun no se viste solo
es porque no ha encontrao a su medio limón
lucha en los asaltos que manda la vida
vive con cien gatos en un callejón
y en el horizonte de mi pecho en llamas
soy un supermán que busca tu cabina
el sujeto de quien no llora no mama
una puta con horario de oficina
Y puse tus recuerdos a remojo
y flotan porque el agua esta salada
salada porque brotan de mis ojos
lagrimas desordenadas
No pienses que estoy loco
por vivir a mi manera
voy a pasarme todo el día bebiendo
y por la noche... pegado a una botella.
es porque no ha encontrao a su medio limón
lucha en los asaltos que manda la vida
vive con cien gatos en un callejón
y en el horizonte de mi pecho en llamas
soy un supermán que busca tu cabina
el sujeto de quien no llora no mama
una puta con horario de oficina
Y puse tus recuerdos a remojo
y flotan porque el agua esta salada
salada porque brotan de mis ojos
lagrimas desordenadas
No pienses que estoy loco
por vivir a mi manera
voy a pasarme todo el día bebiendo
y por la noche... pegado a una botella.
Me pasé el viaje dormitando. Es la mejor manera de viajar sin marearse.
Llegamos a nuestro destino. Lo supuse porque el coche se detuvo por completo, y nos sacó del vehículo. Me gustó esa calle. No soplaba tanto viento. Era una calle larga, y casi sin coches. Solo dos o tres.
miércoles, 27 de abril de 2016
Historia de un imán IV
Tras esas largas semanas de entrenamiento, llegó el esperado día.
Acabábamos de oír entrar a un cliente, así que nos pusimos manos a la obra. Empezamos a movernos con todas nuestras fuerzas hacia el extremo de la barra metálica de la que colgaba nuestra caja. Esa vez fue mas fácil que otros días. Lo logramos en cuestión de segundos, menos de diez, y nos estrellamos contra el suelo, haciendo un gran ruido al golpear la reja metálica que hacía de drenadora para que el suelo no resbalara.
En ese momento, la nueva clienta pasaba por delante de la estantería y miró extrañada hacia nosotros. Probablemente preguntándose cómo habíamos llegado al suelo. Pero pasados unos segundos nos recogió del suelo y nos acercó al la barra donde teníamos que estar.
¡No!
Volvíamos a la estantería, otro cliente al que no le interesabamos.
¡Espera!
¡Estaba comprobando el precio!
¡Bien!
¡Nos lleva hasta su bolsa!
¡Si!
No quepo en mi de alegría.
Después de tanto tiempo esperando y entrenando, ha funcionado.
Ahora se acerca a la caja y paga. Me gusta mi nueva dueña. Es honrada, podía habernos escondido en el bolso y haber salido sin pagar porque no llevamos alarma, pero ha pagado. Eso está bien.
Es alta. Aproximadamente medirá un metro ochenta.
Es rubia. No se si de bote o no, pero es un color bastante natural.
Tiene unas mechas azules, que le hacen parecer mas independiente, mas rebelde.
La piel clara. Poco maquillada. Las uñas pintadas de diferentes colores.
Parece bastante joven. Me gusta mucho.
Se acerca a la puerta en tres largas zancadas.
Me gusta como camina. Es muy elegante.
Abre la puerta de la calle y nos descubre un mundo enorme.
Me gusta esta ciudad. Es la primera vez que la veo de día. La única vez que la vi, fue cuando nos sacaron del camión el primer día. Pero era de madrugada, y no se veía nada. Sospecho que me va a gustar mi nueva vida.
Acabábamos de oír entrar a un cliente, así que nos pusimos manos a la obra. Empezamos a movernos con todas nuestras fuerzas hacia el extremo de la barra metálica de la que colgaba nuestra caja. Esa vez fue mas fácil que otros días. Lo logramos en cuestión de segundos, menos de diez, y nos estrellamos contra el suelo, haciendo un gran ruido al golpear la reja metálica que hacía de drenadora para que el suelo no resbalara.
En ese momento, la nueva clienta pasaba por delante de la estantería y miró extrañada hacia nosotros. Probablemente preguntándose cómo habíamos llegado al suelo. Pero pasados unos segundos nos recogió del suelo y nos acercó al la barra donde teníamos que estar.
¡No!
Volvíamos a la estantería, otro cliente al que no le interesabamos.
¡Espera!
¡Estaba comprobando el precio!
¡Bien!
¡Nos lleva hasta su bolsa!
¡Si!
No quepo en mi de alegría.
Después de tanto tiempo esperando y entrenando, ha funcionado.
Ahora se acerca a la caja y paga. Me gusta mi nueva dueña. Es honrada, podía habernos escondido en el bolso y haber salido sin pagar porque no llevamos alarma, pero ha pagado. Eso está bien.
Es alta. Aproximadamente medirá un metro ochenta.
Es rubia. No se si de bote o no, pero es un color bastante natural.
Tiene unas mechas azules, que le hacen parecer mas independiente, mas rebelde.
La piel clara. Poco maquillada. Las uñas pintadas de diferentes colores.
Parece bastante joven. Me gusta mucho.
Se acerca a la puerta en tres largas zancadas.
Me gusta como camina. Es muy elegante.
Abre la puerta de la calle y nos descubre un mundo enorme.
Me gusta esta ciudad. Es la primera vez que la veo de día. La única vez que la vi, fue cuando nos sacaron del camión el primer día. Pero era de madrugada, y no se veía nada. Sospecho que me va a gustar mi nueva vida.
martes, 26 de abril de 2016
Historia de un imán III
A la mañana siguiente, me desperté bastante tarde. Habría seguido
durmiendo si no fuera por el otro león, que ya se había enterado de los
planes de libro, y estaba deseoso por ponerlos en práctica. Así que
cuando sonó la campanilla de la puerta, anunciando la llegada del
dependiente, decidió que ya no se podía seguir durmiendo.
Despertamos al resto, tras un par de intentos fallidos de realizar nosotros solos el plan, que solo nos sirvieron para darnos cuenta de que éramos poco magnéticos. Los siete protestaron al principio, y hasta el día siguiente no logramos convencerles a todos para que colaboraran, a base de piropos y promesas de una vida mas interesante que estar todo el día encerrados en una caja de plástico transparente.
Empezamos a calentar, atrayendo nos entre nosotros, y cuando a los cinco minutos nos cansamos, nos dimos cuenta de que necesitábamos más entrenamiento, así que tras un descanso que duró el resto del día, decidimos que león, diseñara un plan de entrenamiento para estar preparados para la prueba final en tan solo unas semanas.
El primer día fue duro.
El segundo también.
Al tercer día empezamos a cogerle el ritmo, y a los diez días, nos vimos capaces de intentar movernos.
Empezamos a amontonarnos, y a mi me tocó arriba, así que me empecé a concentrar, hasta que empezamos a movernos.
Después de eso no conseguimos movernos en tres días, pero seguimos entrenando sin perder la esperanza.
Despertamos al resto, tras un par de intentos fallidos de realizar nosotros solos el plan, que solo nos sirvieron para darnos cuenta de que éramos poco magnéticos. Los siete protestaron al principio, y hasta el día siguiente no logramos convencerles a todos para que colaboraran, a base de piropos y promesas de una vida mas interesante que estar todo el día encerrados en una caja de plástico transparente.
Empezamos a calentar, atrayendo nos entre nosotros, y cuando a los cinco minutos nos cansamos, nos dimos cuenta de que necesitábamos más entrenamiento, así que tras un descanso que duró el resto del día, decidimos que león, diseñara un plan de entrenamiento para estar preparados para la prueba final en tan solo unas semanas.
El primer día fue duro.
El segundo también.
Al tercer día empezamos a cogerle el ritmo, y a los diez días, nos vimos capaces de intentar movernos.
Empezamos a amontonarnos, y a mi me tocó arriba, así que me empecé a concentrar, hasta que empezamos a movernos.
Después de eso no conseguimos movernos en tres días, pero seguimos entrenando sin perder la esperanza.
lunes, 25 de abril de 2016
Historia de un imán II
Bueno, nací en una fábrica de imanes al sur de china. Tenía 49 hermanos,
pero nos separaron ya antes de adornarnos, y a mi me juntaron con otros
nueve imanes de tamaños similares, pero adornados con un cartoncito
diferente. Me acuerdo de dos, con los que entable una gran amistad, uno
era un león como yo, y el otro era un libro de color azul, con letras
ininteligibles de color dorado en la portada.
Pasé tres meses encerrado en una caja transparente, a través de cuyas paredes veía otros imanes encerrados en sus respectivas cajas, pero no podía hablar con ellos. Tras ese tiempo, la caja se empezó a mover. Nos juntaron con otras cajas en un camión de colores y nos llevaron a una tienda oscura y llena de polvo, donde un montón de gente pasaba por delante sin fijarse en nosotros. Eso hería mi orgullo, porque me considero un imán con un adorno interesante, a demás tengo un agarre sobre el metal que los humanos no tenéis, por lo que en algo soy superior a ti. Pasaron los meses, y cuando me disponía a dormirme una noche, después de que la tienda cerrara, el libro me agitó. -Oye, ¿Y si mañana nos movemos a ver si alguien nos ve y nos saca de esta tienda?- -No se, ¿Cómo lo haríamos?- En lo alto de la estantería me señaló una pequeña barra metálica, en la que no me había fijado antes. -Llevo todo este tiempo pensando en cómo escapar de aquí. Si nos unimos todos y nos intentamos acercar a esa barra nos moveremos lo suficiente para que nos vean.-
-Pero tenemos que convencer a los otros, y están bastante dormidos, mejor mañana, vale?-
Así fue como empezó una larga temporada, al final de la cual llegó la esperada compradora.
Pasé tres meses encerrado en una caja transparente, a través de cuyas paredes veía otros imanes encerrados en sus respectivas cajas, pero no podía hablar con ellos. Tras ese tiempo, la caja se empezó a mover. Nos juntaron con otras cajas en un camión de colores y nos llevaron a una tienda oscura y llena de polvo, donde un montón de gente pasaba por delante sin fijarse en nosotros. Eso hería mi orgullo, porque me considero un imán con un adorno interesante, a demás tengo un agarre sobre el metal que los humanos no tenéis, por lo que en algo soy superior a ti. Pasaron los meses, y cuando me disponía a dormirme una noche, después de que la tienda cerrara, el libro me agitó. -Oye, ¿Y si mañana nos movemos a ver si alguien nos ve y nos saca de esta tienda?- -No se, ¿Cómo lo haríamos?- En lo alto de la estantería me señaló una pequeña barra metálica, en la que no me había fijado antes. -Llevo todo este tiempo pensando en cómo escapar de aquí. Si nos unimos todos y nos intentamos acercar a esa barra nos moveremos lo suficiente para que nos vean.-
-Pero tenemos que convencer a los otros, y están bastante dormidos, mejor mañana, vale?-
Así fue como empezó una larga temporada, al final de la cual llegó la esperada compradora.
domingo, 24 de abril de 2016
Historia de un imán I
Hola. Soy yo el que te habla, si, aquí abajo. ¡Si, si! Yo. Ese imán de
tu nevera. Me quisiste tirar con unos papeles la semana pasada, y los
imanes nunca olvidamos. Tenemos mucha memoria. Así que te voy a contar
como conseguí sobrevivir.
Primero me presento: me llamo Imán, aunque puedes llamarme Im, como mis amigos, porque es mas corto. Soy mas pequeño de lo que parezco. Aunque me veas con forma de león, de unos veinticinco cuadrados, no mido más de tres de lado y tres de ancho, y aproximadamente medio centímetro de alto. ¿A que ya no me ves como antes? Lo que tu ves es solo un adorno, pero tienes que aprender a fijarte en lo que hay debajo de las cosas.
Vale, no necesito que te presentes, soy muy egocéntrico y te odio por lo que me has hecho. Nunca dejaré de odiarte, soy un Imán muy rencoroso.
Dicho lo cual, vamos a contar mi vida antes de este intento de homicidio, del cual conseguí escapar.
Primero me presento: me llamo Imán, aunque puedes llamarme Im, como mis amigos, porque es mas corto. Soy mas pequeño de lo que parezco. Aunque me veas con forma de león, de unos veinticinco cuadrados, no mido más de tres de lado y tres de ancho, y aproximadamente medio centímetro de alto. ¿A que ya no me ves como antes? Lo que tu ves es solo un adorno, pero tienes que aprender a fijarte en lo que hay debajo de las cosas.
Vale, no necesito que te presentes, soy muy egocéntrico y te odio por lo que me has hecho. Nunca dejaré de odiarte, soy un Imán muy rencoroso.
Dicho lo cual, vamos a contar mi vida antes de este intento de homicidio, del cual conseguí escapar.
sábado, 23 de abril de 2016
SOLO(poesía)
Solo.
Camino solo
por las calles de esta ciudad
convertida en barrizal
por el agua salada
de mis propios ojos.
Quedan huellas
de lo que un día fuiste,
fuiste.
Fuimos,
en algún lugar de mi conciencia.
Restos de alegría
que algún pequeño derrumbamiento de barro
siempre oculta.
Ahora estoy destapado.
Destapado,
porque mientras estabas,
no solo sujetabas estos edificios
que son mis sentimientos ahora rotos,
mi ego, mi personalidad.
Me ocultabas del mundo.
Del dolor del mundo.
De los recuerdos,
de mi infancia.
De la gente.
Me protegías.
Cuando te fuiste,
no sólo soltaste mi vida,
mi autoestima,
mi alegría:
lo estrellaste todo contra el suelo.
Con rabia en los ojos.
Tampoco he podido levantar la mirada desde
entonces.
Otra persona me da igual, pero me
diste razones para vivir. Es
intrigante no conocer
otra manera de existir que no sea contigo.
Camino solo
por las calles de esta ciudad
convertida en barrizal
por el agua salada
de mis propios ojos.
Quedan huellas
de lo que un día fuiste,
fuiste.
Fuimos,
en algún lugar de mi conciencia.
Restos de alegría
que algún pequeño derrumbamiento de barro
siempre oculta.
Ahora estoy destapado.
Destapado,
porque mientras estabas,
no solo sujetabas estos edificios
que son mis sentimientos ahora rotos,
mi ego, mi personalidad.
Me ocultabas del mundo.
Del dolor del mundo.
De los recuerdos,
de mi infancia.
De la gente.
Me protegías.
Cuando te fuiste,
no sólo soltaste mi vida,
mi autoestima,
mi alegría:
lo estrellaste todo contra el suelo.
Con rabia en los ojos.
Tampoco he podido levantar la mirada desde
entonces.
Otra persona me da igual, pero me
diste razones para vivir. Es
intrigante no conocer
otra manera de existir que no sea contigo.
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