sábado, 30 de abril de 2016

Historia de un imán VII

Nunca llegué a saber el nombre del niño. Así que perdóname si repito demasiado "el niño". Casi muero varias veces en esa habitación.
Era una habitación de unos trece metros cuadrados. Tenía una cama pequeñita, de metro y medio. Las sabanas eran rojas, a juego con la alfombra a cuadros de colores cálidos. Tenía una pequeña mesa de plástico, llena de lápices. También había lápices en el suelo. También había juguetes en la mesa. En la esquina había un baúl. Era donde en teoría tenía que recoger sus juguetes. Las paredes eran de un verde pistacho muy bonito. El suelo de madera. Estaba bien pulido, así que mi niño no corría el riesgo de clavarse ninguna astilla en el pié.
La calefacción la conformaban unos tubos que pasaban por debajo del suelo. Se llama suelo radiante. Así se evitaban accidentes de cabezas contra radiadores
Tenía un armario de madera pintada de color azul. Pasé muchas horas pegado al pomo de la puerta, que era de hierro con aspecto envejecido. Las esquinas del mueble estaban protegidas con unas gomas, para evitar percances con la hiperactividad del niño.
La puerta de la habitación estaba llena de pegatinas de coches. Había muchas de un coche rojo con una enorme sonrisa y ojos en vez de parabrisas.
Todas las noches, su madre, una chica morena, con los ojos azules y la piel muy clara, le cantaba una nana para que se durmiera. Era algo así:
A dormir va la rosa
de los rosales;
a dormir va mi niño
porque ya es tarde.

Mi niño se va a dormir
con los ojitos cerrados,
como duermen los jilgueros
encima de los tejados.

Este niño tiene sueño,
muy pronto se va a dormir;
tiene un ojito cerrado
y otro no lo puede abrir.
El niño en cuestión ,nunca tenía sueño, pero se hacía el dormido para que su madre se fuera de la habitación dejando únicamente una lamparita quitamiedos, que utilizaba para alumbrarse mientras pasaba horas y horas leyendo por la noche. Debió leerse cinco libros en un mes.
Por la noche era tranquilo y silencioso. No le convenía hacer ruido, porque vendría su madre y le quitaría el libro que estuviera leyendo.
Por el día era todo lo contrario. Extrañamente, nunca tenía sueño. Se pasaba las horas de luz corriendo como una moto por la casa con el perro, tras el perro, y hasta huyendo del perro.
A menudo, me veía implicado en sus travesuras. Me había convertido en su imán favorito. Bueno, en su juguete favorito después del perro. Entre el suelo, y el armario, pasé gran parte de mi estancia en ese cuarto. También estuve en el collar del perro, mientras este corría por toda la casa sin explicarse qué tenía adherido al cuello. También pasé unas horas en el bolsillo de la madre, como castigo para el niño por alguna travesura. En realidad me castigaba más a mi que a él. A el le quedaban el resto de juguetes de la habitación. Y su imaginación, que no le faltaba. Pero yo no aguanto los espacios cerrados, y me ponía muy nervioso.
Todo fue bien, hasta que se acabó el verano. La madre se tenía que ir a trabajar, por lo que Ro pasaba mucho tiempo con nosotros. Aunque parecía agradable, era muy dura. Decía que lo hacía por el bien de mi niño, pero yo, no compartía su opinión.
Por las noches ya no había nanas. Tampoco libros. A la hora de comer, ya no podía estar en la mesa haciéndole compañía. Tenía que quedarme en la nevera o en la habitación. Vamos, que fue de mal en peor. Luego empezaron las clases. Esto se estaba convirtiendo en un suplicio, de telenovelas que veía Ro mientras el niño no estaba en casa. Preparaba buena comida, pero no era suficiente. A demás era muy bruta. Pegaba al niño por las cosas que hacía mal. Sinceramente prefería su cara bonachona, cuando me sacó de la tienda. Y respecto a los castigos, me dolía mas ver al niño llorar que pasar unas horas encerrado en el bolsillo de algún delantal.
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¡Vamos chicos!
¿Os está gustando?
Espero que si. ¿Qué tal os cae Rosa?
Estoy feliz, porque en este capítulo he pasado de seiscientas treinta palabras:)
Todavía tengo que esforzarme más.

viernes, 29 de abril de 2016

Historia de un imán VI

Me gustaba mi nuevo hogar. Llevo aquí tan solo unas horas, me fijo en todos los detalles. Es bastante luminosa. Más que la tienda. Está en un tercer piso. La cocina es la única habitación que veo, pero me sirve para hacerme una idea de como es el resto de la casa.
Me colocó en la puerta de la nevera, junto al resto de los imanes, sin sacarnos de la caja.
Supuse que no tendría tiempo, porque desapareció por una puerta en la que no me había fijado.
No era eso.
Al cabo de unos instantes, reapareció.
Llevaba tijeras en una mano, y papel de regalo en la otra. De ese que tiene dibujitos infantiles. Estaba lleno de caritas amarillas sonrientes, sobre un fondo azul. Esos emoticonos, como los del móvil.
Nos despegó de la nevera. Nos posó sobre la mesa. Empezó a desenrollar el papel. Empecé a temblar.
-Tranquilo.-
Una voz susurraba a mi lado.
Era libro.
-Creo que solo vamos a estar encerrados unas horas. A lo mucho unos días.-
Tal vez, pero no me agradaba la perspectiva de volver a dejar de ver la luz.
-Probablemente seamos el regalo para algún niño pequeño.-
No creo que su hijo, porque desde la entrada hasta la cocina no había ningún juguete.
Acierto. Después de lo que supongo que es un largo viaje en coche, llegamos a nuestro segundo destino fuera de la tienda.
Se oyen gritos de dos niños. Aparentemente un niño y una niña, porque una voz es bastante mas aguda que la otra. Y mas estridente. Supongo que si este es nuestro destino final, tendré que acostumbrarme.
La caja se menea como si hubiera sido golpeada. Inmediatamente después, se oye un pequeño ladrido.
-¡Ohhhhh!-
Se oye un grito de adoración por parte de Ro, que debe estar encantada con el pequeño animalillo.
Yo no estoy encantado.
No puedo ver nada, y eso me pone de mal humor.
Si voy a vivir aquí, por lo menos querría saber cómo va a ser mi nuevo hogar.
Repentinamente nos empezamos a mover. Parece que nos levantamos unos pocos metros. Entra un rayo de luz que me ciega. Tampoco ha sido tanto tiempo en ese embalaje de colores. La cara de un niño sonriente me recibe con alegría.
Me he asustado un poco al principio, pero parece que me llegará a caer bien.
Agarra la caja y se aleja corriendo sin darle las gracias a Ro, pero supongo que le perdona porque es un niño, y además hoy debe ser su cumpleaños. Nos lleva corriendo hasta su habitación tan rápido que no veo nada de la casa.
En la habitación nos espera el mayor desorden que haya podido imaginar hasta ahora. Pronto pasamos a formar parte de ese desorden. Nos saca gritando de la caja. Coge al otro león. A los demás nos lanza hacia el montón de caos.
En el fondo es divertido.
Voy confirmando poco a poco mis sospechas. Me va a encantar vivir ahí.
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¡Hey chicos!
Siento no haber subido ayer, pero andaba ocupado:(
He procurado que el capitulo de hoy sea un poco mas largo que los anteriores, y ahora que no ando de exámenes intentaré que se extiendan un poco:)
¿Os está gustando?
¿El perro les dará problemas? (inserte emoticono de demonio)
¡Ah! Y me he cansado de "Mi vida antes de el desastroso desastre.", así que me he tomado la libertad (Que ya tenía) de cambiarle el título, aunque aún no llegue el desastre.

jueves, 28 de abril de 2016

Sabor de muerte

Se acerca, le besa los labios.
Ella le acaricia la espalda,
su mano desciende,
la de él tambien,
se palpan lentamente,
se tocan donde una mano jamas debería tocar.

Le acaricia el pelo,
lentamente se quitan la ropa,
el uno al otro,
el otro al uno.
Ella piensa en amarle,
pero no puede, su deber no es ese,
es asesinarle.

Le susurra mil palabras al oido,
locuras de amor,
mientras se masturban apasionadamente,
parece que se aman,
él se corre,
ella le lame el pecho mientras palpa su nuca.

Cae de espaldas y su mano húmeda resbala,
le mira por última vez, acerca la mano a la ropa,
saca un cuchillo, se incorpora levemente,
y se lo clava lentamente en el pecho.

Él la había matato antes,
él la había acuchillado,
le había arrancado su vida,
le había quitado todo,
todo,
todo aquello que le quedaba.

Ella hunde el cuchillo en sus carnes,
tira de el hacia abajo,
le desgarra con odio,
algo que no le cuesta trabajo.

Como un zombi que vuelve a la vida,
para vengarse de quien le mató,
descuartiza un cuerpo inerte,
le aplasta los testiculos al cadaver,
quiere venganza.

Sanguinaria como sola,
sola la muerte en soledad,
sobre el cadaver llora,
pero nunca de piedad,
solo de sus propias penas,
que luego habrá de vengar.

Todavía está desnuda,
buen momento para morir,
su mirada hacia la luna,
desgarrada de dolor,
hunde el cuchillo entre los pechos libres,
ahora, que no los contiene el sujetador.

El cuchillo está caliente,
con la sangre de venganza,
se hunde muerde paciente,
la carne de la apenada,
arrepentida muchacha.

Historia de un imán V

Al salir a la calle, nos dio en la cara el aire frío. Me gustó. Me pareció una experiencia interesante. Excitante. Refrescante. Nuevo. La chica se detuvo unos segundos a la puerta, aspirando, como nosotros el aire de la calle. Pasó un coche levantando una ola de agua, que casi le moja los pies a la chica. Había llovido. Me puse nervioso. Si me caía me iva a desacer, porque soy de papel. Me asusté un poco, pero nos metió en la bolsa. Me decepcioné un poco. Quería ver la calle. De todas formas, no tenía cómo hacerle saber eso. Me estoy repitiendo mucho con lo de "La chica", Así que, aunque sea adelantar algo, te diré que más adelante, descubrí que se llamaba Rosa. A partir de ahora la llamaré así, o "Ro". Al cabo de un rato, la bolsa entró en un lugar cálido. Se parecía al camión al que llegé a la tienda. Me resbalé de la bolsa cuando nos posó en el maletero. No se dio cuenta. El maletero era mucho más pequeño, sin llegar a resultar claustrofóbico. Todo empezó a temblar. Me recordó a la última vez que había montado en camión, solo que estra vez era más pequeño y no había más cajas de imanes.
El viaje duró aproximadamente media hora. Mientras tanto sonaba una canción. Ro también cantaba. Era algo así como:
Si mi corazón aun no se viste solo
es porque no ha encontrao a su medio limón
lucha en los asaltos que manda la vida
vive con cien gatos en un callejón
y en el horizonte de mi pecho en llamas
soy un supermán que busca tu cabina
el sujeto de quien no llora no mama
una puta con horario de oficina

Y puse tus recuerdos a remojo
y flotan porque el agua esta salada
salada porque brotan de mis ojos
lagrimas desordenadas
No pienses que estoy loco
por vivir a mi manera
voy a pasarme todo el día bebiendo
y por la noche... pegado a una botella.
Me pasé el viaje dormitando. Es la mejor manera de viajar sin marearse.
Llegamos a nuestro destino. Lo supuse porque el coche se detuvo por completo, y nos sacó del vehículo. Me gustó esa calle. No soplaba tanto viento. Era una calle larga, y casi sin coches. Solo dos o tres.

miércoles, 27 de abril de 2016

Historia de un imán IV

Tras esas largas semanas de entrenamiento, llegó el esperado día.
Acabábamos de oír entrar a un cliente, así que nos pusimos manos a la obra. Empezamos a movernos con todas nuestras fuerzas hacia el extremo de la barra metálica de la que colgaba nuestra caja. Esa vez fue mas fácil que otros días. Lo logramos en cuestión de segundos, menos de diez, y nos estrellamos contra el suelo, haciendo un gran ruido al golpear la reja metálica que hacía de drenadora para que el suelo no resbalara.
En ese momento, la nueva clienta pasaba por delante de la estantería y miró extrañada hacia nosotros. Probablemente preguntándose cómo habíamos llegado al suelo. Pero pasados unos segundos nos recogió del suelo y nos acercó al la barra donde teníamos que estar.
¡No!
Volvíamos a la estantería, otro cliente al que no le interesabamos.
¡Espera!
¡Estaba comprobando el precio!
¡Bien!
¡Nos lleva hasta su bolsa!
¡Si!
No quepo en mi de alegría.
Después de tanto tiempo esperando y entrenando, ha funcionado.
Ahora se acerca a la caja y paga. Me gusta mi nueva dueña. Es honrada, podía habernos escondido en el bolso y haber salido sin pagar porque no llevamos alarma, pero ha pagado. Eso está bien.
Es alta. Aproximadamente medirá un metro ochenta.
Es rubia. No se si de bote o no, pero es un color bastante natural.
Tiene unas mechas azules, que le hacen parecer mas independiente, mas rebelde.
La piel clara. Poco maquillada. Las uñas pintadas de diferentes colores.
Parece bastante joven. Me gusta mucho.
Se acerca a la puerta en tres largas zancadas.
Me gusta como camina. Es muy elegante.
Abre la puerta de la calle y nos descubre un mundo enorme.
Me gusta esta ciudad. Es la primera vez que la veo de día. La única vez que la vi, fue cuando nos sacaron del camión el primer día. Pero era de madrugada, y no se veía nada. Sospecho que me va a gustar mi nueva vida.

martes, 26 de abril de 2016

Historia de un imán III

A la mañana siguiente, me desperté bastante tarde. Habría seguido durmiendo si no fuera por el otro león, que ya se había enterado de los planes de libro, y estaba deseoso por ponerlos en práctica. Así que cuando sonó la campanilla de la puerta, anunciando la llegada del dependiente, decidió que ya no se podía seguir durmiendo.
Despertamos al resto, tras un par de intentos fallidos de realizar nosotros solos el plan, que solo nos sirvieron para darnos cuenta de que éramos poco magnéticos. Los siete protestaron al principio, y hasta el día siguiente no logramos convencerles a todos para que colaboraran, a base de piropos y promesas de una vida mas interesante que estar todo el día encerrados en una caja de plástico transparente.
Empezamos a calentar, atrayendo nos entre nosotros, y cuando a los cinco minutos nos cansamos, nos dimos cuenta de que necesitábamos más entrenamiento, así que tras un descanso que duró el resto del día, decidimos que león, diseñara un plan de entrenamiento para estar preparados para la prueba final en tan solo unas semanas.
El primer día fue duro.
El segundo también.
Al tercer día empezamos a cogerle el ritmo, y a los diez días, nos vimos capaces de intentar movernos.
Empezamos a amontonarnos, y a mi me tocó arriba, así que me empecé a concentrar, hasta que empezamos a movernos.
Después de eso no conseguimos movernos en tres días, pero seguimos entrenando sin perder la esperanza.

lunes, 25 de abril de 2016

Historia de un imán II

Bueno, nací en una fábrica de imanes al sur de china. Tenía 49 hermanos, pero nos separaron ya antes de adornarnos, y a mi me juntaron con otros nueve imanes de tamaños similares, pero adornados con un cartoncito diferente. Me acuerdo de dos, con los que entable una gran amistad, uno era un león como yo, y el otro era un libro de color azul, con letras ininteligibles de color dorado en la portada.
Pasé tres meses encerrado en una caja transparente, a través de cuyas paredes veía otros imanes encerrados en sus respectivas cajas, pero no podía hablar con ellos. Tras ese tiempo, la caja se empezó a mover. Nos juntaron con otras cajas en un camión de colores y nos llevaron a una tienda oscura y llena de polvo, donde un montón de gente pasaba por delante sin fijarse en nosotros. Eso hería mi orgullo, porque me considero un imán con un adorno interesante, a demás tengo un agarre sobre el metal que los humanos no tenéis, por lo que en algo soy superior a ti. Pasaron los meses, y cuando me disponía a dormirme una noche, después de que la tienda cerrara, el libro me agitó. -Oye, ¿Y si mañana nos movemos a ver si alguien nos ve y nos saca de esta tienda?- -No se, ¿Cómo lo haríamos?- En lo alto de la estantería me señaló una pequeña barra metálica, en la que no me había fijado antes. -Llevo todo este tiempo pensando en cómo escapar de aquí. Si nos unimos todos y nos intentamos acercar a esa barra nos moveremos lo suficiente para que nos vean.-
-Pero tenemos que convencer a los otros, y están bastante dormidos, mejor mañana, vale?-
Así fue como empezó una larga temporada, al final de la cual llegó la esperada compradora.

domingo, 24 de abril de 2016

Historia de un imán I

Hola. Soy yo el que te habla, si, aquí abajo. ¡Si, si! Yo. Ese imán de tu nevera. Me quisiste tirar con unos papeles la semana pasada, y los imanes nunca olvidamos. Tenemos mucha memoria. Así que te voy a contar como conseguí sobrevivir.
Primero me presento: me llamo Imán, aunque puedes llamarme Im, como mis amigos, porque es mas corto. Soy mas pequeño de lo que parezco. Aunque me veas con forma de león, de unos veinticinco cuadrados, no mido más de tres de lado y tres de ancho, y aproximadamente medio centímetro de alto. ¿A que ya no me ves como antes? Lo que tu ves es solo un adorno, pero tienes que aprender a fijarte en lo que hay debajo de las cosas.
Vale, no necesito que te presentes, soy muy egocéntrico y te odio por lo que me has hecho. Nunca dejaré de odiarte, soy un Imán muy rencoroso.
Dicho lo cual, vamos a contar mi vida antes de este intento de homicidio, del cual conseguí escapar.

sábado, 23 de abril de 2016

SOLO(poesía)

Solo.
Camino solo
por las calles de esta ciudad
convertida en barrizal
por el agua salada
de mis propios ojos.

Quedan huellas
de lo que un día fuiste,
fuiste.
Fuimos,
en algún lugar de mi conciencia.

Restos de alegría
que algún pequeño derrumbamiento de barro
siempre oculta.
Ahora estoy destapado.

Destapado,
porque mientras estabas,
no solo sujetabas estos edificios
que son mis sentimientos ahora rotos,
mi ego, mi personalidad.
Me ocultabas del mundo.
Del dolor del mundo.
De los recuerdos,
de mi infancia.
De la gente.
Me protegías.

Cuando te fuiste,
no sólo soltaste mi vida,
mi autoestima,
mi alegría:
lo estrellaste todo contra el suelo.
Con rabia en los ojos.

Tampoco he podido levantar la mirada desde
entonces.

Otra persona me da igual, pero me
diste razones para vivir. Es
intrigante no conocer
otra manera de existir que no sea contigo.