Como todas las mañanas,
Ro se acababa de marchar a llevar al niño a clase. Llevaba dos horas
despierto, porque había pasado la noche revuelto. Dolores de cabeza, de
estómago, vómitos... Ese tipo de cosas que le pasan de vez en cuando a
los humanos.
Después, Ro le había
torturado obligándole a tomarse la leche ardiendo, y arrancándole la
mitad de los pelos con el peine en un intento fallido de desenredarle
sus rizos.
Al cabo de un rato, seguía sin volver. Otras veces tardaba menos.
De pronto, la puerta se
abrió de golpe. Ro entró de espaldas, tropezando con sus propios pies.
Detrás- o delante, depende cómo lo mires- entraba un chico.
Era alto. Moreno. Con el pelo corto y de punta. Lleno de tatuajes. Músculos grandes. Parecía un matón de los barrios bajos.
Al parecer a Ro le gustaba. Le decía cosas bonitas. Tan dulces que un diabético no las podría oír.
Se movían pegados. Besándose. Tropezando con las paredes. Tropezando consigo mismos.
Ro pasó a mi lado y sin
querer me enganché en un botón de su pantalón. Se metieron en el baño y
siguieron besándose dentro de la ducha.
El hombre empezó a
desvestir a Ro. Primero la camiseta. No llevaba sujetador. Empezó a
acariciar su cuerpo con visible -y audible- placer. Sus manos
descendieron por la cintura. La cadera. Empezó a meter la mano por
debajo del pantalón lentamente. Se apartó bruscamente. Se quitó la
camiseta rápidamente y volvió a lo que estaba haciendo. Ro empezó a
gemir. Acercó sus manos al chico y empezó a acariciarle su musculoso
cuerpo. El chico le empezó a desabrochar el pantalón. Se lo empezó a
bajar. Cuando su cabeza estuvo a la altura de la cadera, subió sus manos
en busca de la braguita rosa de Ro y empezó a bajarla.
Terminó de quitarle el
pantalón y lo tiró a un lado. Yo seguía pegado al pantalón. El pantalón
me tapaba la visión, así que no podía saber lo que hacían, excepto por
los gemidos que emitían los dos, y sus promesas de amor eterno. Sonó el
teléfono. Al cabo de una eternidad, sonó el teléfono y pararon.
El chico se vistió
rápidamente. Ro salió del baño y fue al salón, donde estaba el teléfono.
Contestó. Gritó que no era nada, pero el chico se despidió con un breve
beso en la boca y se largó. Ro se terminó de vestir y se fue a su
rincón de lectura. Al sentarse se dio cuenta de que estaba en su
pantalón, y me devolvió a la habitación del niño. El resto del día
transcurrió con normalidad.
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Jaja, os prometí salseoooo
Bueno, no se hacerlo mejor.(Vale, sí se, pero no quiero)
Mañana intentaré que sea mas normal :|
Gracias por leer ;)
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