jueves, 19 de mayo de 2016

Mi niño

Llegamos a casa. Mamá se ha quitado los zapatos y se va al baño para lavarse las manos. Siempre dice que si no nos lavamos las manos, podemos ponernos malitos, y nos dolería mucho la barriga. Miguel me golpea en la espalda y sale corriendo hacia la habitación que compartimos mientras grita:—¡El último pone la mesa!—. Me acerco al salón, a ver si papá ha llegado, pero no. Hace tres días, mamá nos dijo que se había curado,y le habían dejado salir del hospital, pero que había salido de viaje para recuperarse durante un tiempo. Mamá nos dijo a Miguel y a mi, que volvería pronto. Yo le odio, no se lo he dicho a mamá, pero le odio por no despedirse antes de salir de viaje. Últimamente mamá anda vestida de negro, porque dice que así tiene menos frío, y le lloran los ojos. Dice que es la alergia. Yo creo que en realidad también está triste porque papá no se despidiera de nosotros. Después de mirar en el salón, corro a la habitación. Ya es tarde, Miguel ha llegado antes, así que me toca poner la mesa. Decido no lavarme las manos. Así me pondré malito y mañana no iré al exámen. Pongo los cubiertos y me voy a jugar con los LEGO mientras mamá prepara la comida.


Mamá no come, dice que no tiene hambre, que ya comerá luego. A nosotros nos sirve unas patatas cocidas, y una salchicha. Ayer vi que estaba caducada y se lo dije, pero me contestó que solo era el consumo preferente, y que se podía comer. Que sólo lo ponen para que la gente tire la comida, y compren más. No hay postre. Mamá dice que es porque tienen demasiados aditivos que no son sanos.


Mamá nos habla de clase, dice algo así como que en tercero de primaria ya somos lo suficientemente “mayorcitos” como para que la profesora tenga que mandar cartas a casa diciendo que no trabajamos lo suficiente. Mientras mamá nos echa la bronca, pienso en la chica del recreo. En el recreo vi a una chica rubia, que lloraba en la esquina alejada de la puerta principal del patio. Le pregunté que le pasaba. Levantó la cabeza y me contestó que nada, que tan solo se aburría, y no le gustaba el recreo. Señalé unas marcas que tenía en el brazo y me dijo que eran cortes. —Me los hago con un cuchillo, cuando estoy aburrida, y me siento mejor, pero tú no lo hagas nunca.— Asentí con la cabeza a modo de afirmación.


Ahora estoy solo en la habitación. Miguel ha salido a jugar a fútbol.


No quiero hacer los deberes.


Voy a la cocina, me pongo de puntillas para alcanzar un cuchillo que hay colgado en la cinta magnética de la pared. Es del IKEA. Lo apoyo en mi brazo izquierdo y lo miro fijamente unos instantes. No puedo, le prometí a esa chica que no me cortaría.


Mamá ha dejado abierta la ventana de su habitación para que ventile. Me asomo. Tengo que enseñarle a papá a no irse sin despedirse primero. No tendrá que volver a estudiar. No prometí nada a nadie respecto a saltar por una ventana. Sé que mamá no como porque no tenemos dinero. Seguro que papá se lo llevó. Soy un problema, porque cuidarme cuesta dinero. Voy a castigar a papá.


Se oyen unas sirenas alejarse. Veo mi cuerpo tirado en la acera. El mundo desde arriba es bonito. Me alejo flotando rápidamente.


Niño de ocho años cae por una ventana.¿Accidente?
Titular visible en todos los medios.

Hola papá.

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