Al llegar septiembre, la
madre de mi niño, empezó a ausentarse de vez en cuando. Al cabo de tres
días, me di cuenta de que seguía un patrón. Faltaba tres horas por la
mañana, y dos por la tarde. Eso durante cinco días. Después descansaba
dos días.
De vez en cuando venía
Ro. Solo de vez en cuando. Y se comportaba cariñosamente. No gritaba. No
pegaba a mi niño. No golpeaba las paredes. Solo venía. Hacía la comida.
Jugaba un rato con nosotros. Era una buena persona.
A mediados de
Septiembre, cambió. Mi niño también se iba de casa por la mañana.
Alrededor de siete horas. A veces más tiempo. Me contaba que es porque
se quedaba a comer en la escuela, porque su madre no podía ir a buscarle
a la hora de salir. Si, hablaba con todos sus juguetes.
Entonces fue cuando Ro
empezó a venir con más frecuencia. Cuando Ro venía, mi niño no se
quedaba a comer en la escuela. A veces, Ro venía a casa cuando mamá
también estaba, y mamá le daba unos papelitos de colores. Dependiendo de
cuántos días hubiera venido, había más o menos papeles.
Rosa, cada vez se
portaba peor. Venía a media mañana, y se sentaba a leer, mientras yo, en
la esquina de la mesa del salón, donde me había dejado mi niño justo
antes de marchar, le observaba pasar las hojas lentamente. A cierta hora
de la mañana, sonaba una alarma de su teléfono móvil, y se iba
refunfuñando. Al poco, regresaba con mi niño y una bolsa de la compra
llena de comida de lata. Cuando tenía tiempo, cocinaba de maravilla.
Pero un humano -un imán tampoco- no puede cocinar y leer al mismo
tiempo.
Mientras comían, Ro le
preguntaba al niño cosas de la escuela. A veces le gritaba. También le
gritaba cuando no quería comer. Eso pasaba a menudo. Se gritaban cosas
feas. Muy feas. Insultos. Amenazas. No me gustaba oírles, pero no podía
evitarlo. Al final, el niño siempre acababa llorando. A veces con un
azote.
También solía pasar, que después de comer el niño se sentase en su mesta a dibujar.
Dibujaba unas figuras
simples. Generalmente en hojas cuadriculadas, y las repetía una y otra
vez. A veces, juntaba dos dibujos y decía: -ma, me, mi, mo, mu...-
También me intentaba
explicar el significado de sus extraños dibujos. Decía que eran letras.
Que eran sonidos que servían para hablar, y para leer, como lo hacía
Rosa.
Al final desistió. Yo no
era un buen alumno. No contestaba las preguntas que me hacía. Tampoco
es que él tuviera mucha paciencia.
Ro no cambió. Es más, su comportamiento empeoró. Llegó a ocupar la casa como si fuera suya.
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¡Vamosss! En el próximo capítulo va a haber salseoo.
¿Os está gustando?:P
Eso espero.... :X
¡Ah!, y lo siento, por que el capítulo ha sido mas corto... :(
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