domingo, 1 de mayo de 2016

Historia de un imán VIII

Al llegar septiembre, la madre de mi niño, empezó a ausentarse de vez en cuando. Al cabo de tres días, me di cuenta de que seguía un patrón. Faltaba tres horas por la mañana, y dos por la tarde. Eso durante cinco días. Después descansaba dos días.

De vez en cuando venía Ro. Solo de vez en cuando. Y se comportaba cariñosamente. No gritaba. No pegaba a mi niño. No golpeaba las paredes. Solo venía. Hacía la comida. Jugaba un rato con nosotros. Era una buena persona.
A mediados de Septiembre, cambió. Mi niño también se iba de casa por la mañana. Alrededor de siete horas. A veces más tiempo. Me contaba que es porque se quedaba a comer en la escuela, porque su madre no podía ir a buscarle a la hora de salir. Si, hablaba con todos sus juguetes.
Entonces fue cuando Ro empezó a venir con más frecuencia. Cuando Ro venía, mi niño no se quedaba a comer en la escuela. A veces, Ro venía a casa cuando mamá también estaba, y mamá le daba unos papelitos de colores. Dependiendo de cuántos días hubiera venido, había más o menos papeles.
Rosa, cada vez se portaba peor. Venía a media mañana, y se sentaba a leer, mientras yo, en la esquina de la mesa del salón, donde me había dejado mi niño justo antes de marchar, le observaba pasar las hojas lentamente. A cierta hora de la mañana, sonaba una alarma de su teléfono móvil, y se iba refunfuñando. Al poco, regresaba con mi niño y una bolsa de la compra llena de comida de lata. Cuando tenía tiempo, cocinaba de maravilla. Pero un humano -un imán tampoco- no puede cocinar y leer al mismo tiempo.
Mientras comían, Ro le preguntaba al niño cosas de la escuela. A veces le gritaba. También le gritaba cuando no quería comer. Eso pasaba a menudo. Se gritaban cosas feas. Muy feas. Insultos. Amenazas. No me gustaba oírles, pero no podía evitarlo. Al final, el niño siempre acababa llorando. A veces con un azote.
También solía pasar, que después de comer el niño se sentase en su mesta a dibujar.
Dibujaba unas figuras simples. Generalmente en hojas cuadriculadas, y las repetía una y otra vez. A veces, juntaba dos dibujos y decía: -ma, me, mi, mo, mu...-
También me intentaba explicar el significado de sus extraños dibujos. Decía que eran letras. Que eran sonidos que servían para hablar, y para leer, como lo hacía Rosa.
Al final desistió. Yo no era un buen alumno. No contestaba las preguntas que me hacía. Tampoco es que él tuviera mucha paciencia.
Ro no cambió. Es más, su comportamiento empeoró. Llegó a ocupar la casa como si fuera suya.

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¡Vamosss! En el próximo capítulo va a haber salseoo.
¿Os está gustando?:P
Eso espero.... :X
¡Ah!, y lo siento, por que el capítulo ha sido mas corto... :(

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