Nunca llegué a saber el nombre del niño. Así que perdóname si repito demasiado "el niño". Casi muero varias veces en esa habitación.
Era una habitación de
unos trece metros cuadrados. Tenía una cama pequeñita, de metro y medio.
Las sabanas eran rojas, a juego con la alfombra a cuadros de colores
cálidos. Tenía una pequeña mesa de plástico, llena de lápices. También
había lápices en el suelo. También había juguetes en la mesa. En la
esquina había un baúl. Era donde en teoría tenía que recoger sus
juguetes. Las paredes eran de un verde pistacho muy bonito. El suelo de
madera. Estaba bien pulido, así que mi niño no corría el riesgo de
clavarse ninguna astilla en el pié.
La calefacción la
conformaban unos tubos que pasaban por debajo del suelo. Se llama suelo
radiante. Así se evitaban accidentes de cabezas contra radiadores
Tenía un armario de
madera pintada de color azul. Pasé muchas horas pegado al pomo de la
puerta, que era de hierro con aspecto envejecido. Las esquinas del
mueble estaban protegidas con unas gomas, para evitar percances con la
hiperactividad del niño.
La puerta de la
habitación estaba llena de pegatinas de coches. Había muchas de un coche
rojo con una enorme sonrisa y ojos en vez de parabrisas.
Todas las noches, su
madre, una chica morena, con los ojos azules y la piel muy clara, le
cantaba una nana para que se durmiera. Era algo así:
A dormir va la rosa
de los rosales;
a dormir va mi niño
porque ya es tarde.
Mi niño se va a dormir
con los ojitos cerrados,
como duermen los jilgueros
encima de los tejados.
Este niño tiene sueño,
muy pronto se va a dormir;
tiene un ojito cerrado
y otro no lo puede abrir.
de los rosales;
a dormir va mi niño
porque ya es tarde.
Mi niño se va a dormir
con los ojitos cerrados,
como duermen los jilgueros
encima de los tejados.
Este niño tiene sueño,
muy pronto se va a dormir;
tiene un ojito cerrado
y otro no lo puede abrir.
El niño en cuestión
,nunca tenía sueño, pero se hacía el dormido para que su madre se fuera
de la habitación dejando únicamente una lamparita quitamiedos, que
utilizaba para alumbrarse mientras pasaba horas y horas leyendo por la
noche. Debió leerse cinco libros en un mes.
Por la noche era
tranquilo y silencioso. No le convenía hacer ruido, porque vendría su
madre y le quitaría el libro que estuviera leyendo.
Por el día era todo lo
contrario. Extrañamente, nunca tenía sueño. Se pasaba las horas de luz
corriendo como una moto por la casa con el perro, tras el perro, y hasta
huyendo del perro.
A menudo, me veía
implicado en sus travesuras. Me había convertido en su imán favorito.
Bueno, en su juguete favorito después del perro. Entre el suelo, y el
armario, pasé gran parte de mi estancia en ese cuarto. También estuve en
el collar del perro, mientras este corría por toda la casa sin
explicarse qué tenía adherido al cuello. También pasé unas horas en el
bolsillo de la madre, como castigo para el niño por alguna travesura. En
realidad me castigaba más a mi que a él. A el le quedaban el resto de
juguetes de la habitación. Y su imaginación, que no le faltaba. Pero yo
no aguanto los espacios cerrados, y me ponía muy nervioso.
Todo fue bien, hasta que
se acabó el verano. La madre se tenía que ir a trabajar, por lo que Ro
pasaba mucho tiempo con nosotros. Aunque parecía agradable, era muy
dura. Decía que lo hacía por el bien de mi niño, pero yo, no compartía
su opinión.
Por las noches ya no
había nanas. Tampoco libros. A la hora de comer, ya no podía estar en la
mesa haciéndole compañía. Tenía que quedarme en la nevera o en la
habitación. Vamos, que fue de mal en peor. Luego empezaron las clases.
Esto se estaba convirtiendo en un suplicio, de telenovelas que veía Ro
mientras el niño no estaba en casa. Preparaba buena comida, pero no era
suficiente. A demás era muy bruta. Pegaba al niño por las cosas que
hacía mal. Sinceramente prefería su cara bonachona, cuando me sacó de la
tienda. Y respecto a los castigos, me dolía mas ver al niño llorar que
pasar unas horas encerrado en el bolsillo de algún delantal.
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¡Vamos chicos!
¿Os está gustando?
Espero que si. ¿Qué tal os cae Rosa?
Estoy feliz, porque en este capítulo he pasado de seiscientas treinta palabras:)
Todavía tengo que esforzarme más.
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