martes, 26 de abril de 2016

Historia de un imán III

A la mañana siguiente, me desperté bastante tarde. Habría seguido durmiendo si no fuera por el otro león, que ya se había enterado de los planes de libro, y estaba deseoso por ponerlos en práctica. Así que cuando sonó la campanilla de la puerta, anunciando la llegada del dependiente, decidió que ya no se podía seguir durmiendo.
Despertamos al resto, tras un par de intentos fallidos de realizar nosotros solos el plan, que solo nos sirvieron para darnos cuenta de que éramos poco magnéticos. Los siete protestaron al principio, y hasta el día siguiente no logramos convencerles a todos para que colaboraran, a base de piropos y promesas de una vida mas interesante que estar todo el día encerrados en una caja de plástico transparente.
Empezamos a calentar, atrayendo nos entre nosotros, y cuando a los cinco minutos nos cansamos, nos dimos cuenta de que necesitábamos más entrenamiento, así que tras un descanso que duró el resto del día, decidimos que león, diseñara un plan de entrenamiento para estar preparados para la prueba final en tan solo unas semanas.
El primer día fue duro.
El segundo también.
Al tercer día empezamos a cogerle el ritmo, y a los diez días, nos vimos capaces de intentar movernos.
Empezamos a amontonarnos, y a mi me tocó arriba, así que me empecé a concentrar, hasta que empezamos a movernos.
Después de eso no conseguimos movernos en tres días, pero seguimos entrenando sin perder la esperanza.

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