Tras esas largas semanas de entrenamiento, llegó el esperado día.
Acabábamos
de oír entrar a un cliente, así que nos pusimos manos a la obra.
Empezamos a movernos con todas nuestras fuerzas hacia el extremo de la
barra metálica de la que colgaba nuestra caja. Esa vez fue mas fácil que
otros días. Lo logramos en cuestión de segundos, menos de diez, y nos
estrellamos contra el suelo, haciendo un gran ruido al golpear la reja
metálica que hacía de drenadora para que el suelo no resbalara.
En
ese momento, la nueva clienta pasaba por delante de la estantería y miró
extrañada hacia nosotros. Probablemente preguntándose cómo habíamos
llegado al suelo. Pero pasados unos segundos nos recogió del suelo y nos
acercó al la barra donde teníamos que estar.
¡No!
Volvíamos a la estantería, otro cliente al que no le interesabamos.
¡Espera!
¡Estaba comprobando el precio!
¡Bien!
¡Nos lleva hasta su bolsa!
¡Si!
No quepo en mi de alegría.
Después de tanto tiempo esperando y entrenando, ha funcionado.
Ahora
se acerca a la caja y paga. Me gusta mi nueva dueña. Es honrada, podía
habernos escondido en el bolso y haber salido sin pagar porque no
llevamos alarma, pero ha pagado. Eso está bien.
Es alta. Aproximadamente medirá un metro ochenta.
Es rubia. No se si de bote o no, pero es un color bastante natural.
Tiene unas mechas azules, que le hacen parecer mas independiente, mas rebelde.
La piel clara. Poco maquillada. Las uñas pintadas de diferentes colores.
Parece bastante joven. Me gusta mucho.
Se acerca a la puerta en tres largas zancadas.
Me gusta como camina. Es muy elegante.
Abre la puerta de la calle y nos descubre un mundo enorme.
Me
gusta esta ciudad. Es la primera vez que la veo de día. La única vez
que la vi, fue cuando nos sacaron del camión el primer día. Pero era de
madrugada, y no se veía nada. Sospecho que me va a gustar mi nueva vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas gracias por comentar<3